octubre 20, 2020

Factor Cu4tro

Somos la revolución deportiva

Guillermo Navarro

El éxito y las maneras no tienen una relación estable. Y es que en el futbol nada está dicho. Muchos de los equipos más espectaculares y recordados de la historia, ni siquiera han podido levantar un trofeo. Pero cuando en el camino se pone una máquina y no un simple equipo, nadie se puede interponer entre esta y cualquier galardón. El Bayern Múnich dominó Europa durante un año entero, de septiembre de 2019 a agosto de 2020 impuso condiciones y atropelló a chicos y grandes.

La maquinaria bávara estaba confeccionada para esto desde el comienzo de la temporada. Los alemanes no querían nada que no fuera ganar. Apuntalaron la plantilla de tal manera que hubiera tres o cuatro nombres por puesto y colmaron el banquillo con estrellas que un sinfín de clubes en el mundo querrían tener en su cuadro estelar. Además, supieron cubrir sus necesidades sin tener que comprometer su futuro. Para muestra, las cesiones de Ivan Perisic, Phillippe Coutinho y Álvaro Odriozola.

Por si fuera poco, como buenos alemanes, intuyeron por ahí de octubre que el camino no era el correcto y no tuvieron miedo de corregir. Los directivos destituyeron a Niko Kovac y colocaron a Hans-Dieter Flick, discípulo de Joachim Low. A partir de ese instante, el Bayern se hizo contendiente a todo.

Pasaron por encima del Tottenham, del Olympiacos y del Estrella Roja de Belgrado. En la Bundesliga, en cambio, aprendieron de un par de derrotas y se hicieron invencibles. Nadie pudo contra la sapiencia de Flick ni contra la tenacidad y la pegada de sus futbolistas. Asentó una idea y no la soltó nunca.

Te llamaras como te llamaras, el Bayern Múnich te iba a presionar. Los intérpretes no pudieron ser más ideales: Neuer en un estado pletórico; Alaba y Boateng revolucionando la posición de defensa central; Davies como un rayo por la parcela izquierda, Goretzka convertido en un tren avasallador; Thiago y Kimmich marcando una sinfonía en el mediocampo; Muller interpretando ese tiempo y espacio como ninguno; Gnabry convertido en electricidad pura y Lewandowski en una bestia dentro y fuera del área. Al Chelsea lo exhibieron en Londres, al Barcelona lo asfixiaron como nunca nadie lo había hecho, al Lyon lo dominaron como otros no pudieron y al Paris Saint-Germain lo controlaron la mayor parte del tiempo.

La pandemia interrumpió el futbol y nuestra vida cotidiana, pero jamás podría hacer mella en una máquina. El Bayern Múnich sostuvo su paso y no se detuvo un solo instante. Primero la Bundesliga, luego la Pokal y ahora la Champions League. Otro ansiado triplete, otra vez el Bayern. Intuición, inteligencia, pegada, soluciones tácticas, paciencia, intensidad y potencia. Nada faltó y nada sobró. Campeón en estado puro.

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