octubre 31, 2020

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El balón llora en Colombia

La violencia, desigualdad, rezago o crecimiento económico son temas en los que el país cafetalero ha estado inmerso por décadas. El haber visto nacer a uno de los narcotraficantes más ricos y peligrosos de todos los tiempos en el nombre de Pablo Escobar o la creación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) son solo un ejemplo de ello.

Desafortunadamente estas circunstancias han alcanzado a la pelota, la cual está a punto de salir del terreno de juego para no volver más en la liga femenil de aquel país. Y es que ha salido a la luz una denuncia de una jugadora sub-17 colombiana por acoso sexual en un país donde los atropellos e injusticias dentro del balompié femenil se han agudizado, o simplemente la denuncia de esta chica es simple y sencillamente la gota que derramó el vaso y es apenas cuando el mundo se entera de lo sucedido.

Lo que sucede en el futbol colombiano no son hechos aislados y todo forma parte de un problema de fondo, una estructura que se va debilitando gracias al fastuoso terremoto de las injusticias y abusos en el país sudamericano. Un problema institucional que ha entregado cifras inimaginables en los últimos años en el que varios agentes están involucrados pero nadie ha sido capaz de parar esta crisis que por el contrario parece aumentar.

Violencia en Colombia

En 2017 más de 50 mil mujeres fueron víctimas de abusos. Según el medio de comunicación Caracol, esto representa al 76% del total de los casos de violencia en aquel país.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Medicina Legal, en 2018 esta cifra se duplicó llegando a 100 mujeres vulneradas. Este estudio además arrojó que la violencia sexual ha aumentado un 14% con respecto al 2017 y son mujeres de entre 12 y 17 años las principales víctimas

Lo más alarmante es que no solamente se vive en Colombia, sino que es un tópico de coyuntura internacional y que en los últimos meses ha sido tema de discusión en diversas instituciones y departamentos gubernamentales; aunque aún se deba esperar a que haya una solución total a ello.

Instituciones

Fue en 2016 cuando nació la liga femenil de futbol en Colombia, sin embargo solamente dos años después diversos medios de comunicación y personas inmiscuidas en los clubes cuestionaban su continuidad. Sumado a esto, a finales de 2018 todo indicaba que el torneo lo jugarían solamente 8 equipos o hasta 12; dueños de los clubes argumentaron el futbol femenil no tenía convocatoria y un bajo nivel futbolístico.

Factores como la inversión en un deporte globalizado como el futbol son indispensables para su crecimiento, sin embargo dueños y directivas no lo entendieron de esta manera y por tanto decidieron no formar parte de la liga de futbol colombiana. En contraparte, existen equipos que se han endeudado con el mejor postor para poder hacer mucho más fuertes a sus equipos varoniles; una muestra más de la desigualdad y violencia de género en ese país.

El Club Atlético Huila fue campeón de la Copa Libertadores Femenil, aunque una vez más fueron víctimas, esta vez porque los 55 mil dólares ganados por estas chicas iban ya con destino a las arcas del equipo varonil. Queda claro el poco valor y trascendencia que se le otorga al futbol femenil.

Futbolistas y entrenadores

La postura entre las jugadores y algunos directores técnicos y directivos es totalmente opuesta pues mientras unas defienden sus derechos a tener las mismas oportunidades que sus compañeros varones, otros defienden actos de violencia.

Álvaro González, vicepresidente de la Federación Colombiana de Futbol, quien dijo están lejos de tener una liga femenil profesional culpando además a las jugadores argumentando que “una atleta profesional no se hace por decreto y mucho menos por política”. Sumado a esto, en 2010 defendió al entonces director técnico Hernán “Bolillo” Gómez quien golpeó a una mujer a las afueras de un centro nocturno.

Extorsión es la palabra que abunda en los vestidores de la selección colombiana femenil, tal es el caso del ex estratega de la sub-17 Felipe Taborda, personaje que pedía a las jugadoras entre 600 y 10 millones de pesos colombianos para poder hacerse de un lugar dentro del terreno de juego. Y además el dinero se utilizaba para diversas situaciones, menos para el equipo femenil.

A través de un portal, La Liga Contra la Censura, que significa la asociación de periodistas y medios de comunicación para combatir la censura se han manifestado casos como el de Taborda que afectan a todas las categorías del combinado nacional colombiano.

Las declaraciones del presidente de Deportes Tolima, Gabriel Camargo, son un autogol al ángulo que significa el perder el título; “el futbol femenil es un caldo de cultivo para el lesbianismo”. Evidentemente cualquier persona con cierto poder es capaz de decir cosas que afectan a todo el entorno, en este caso al futbol colombiano.

Jugadoras como Daniela Arias, Melissa Ortíz, Isabella Echeverri se han alzado en la campaña “Menos miedo y más futbol” exigiendo trato digno para todas y cada una de las profesionales en los equipos, un salario que compita con el de compañeros futbolistas y por supuesto terminar de una vez por todas con las situaciones de violencia en el país. Sigifredo Alonso, preparador físico del equipo nacional sub-17 es el último involucrado en este mar negro al ser señalado de querer abusar sexualmente de las jugadoras.

Es así como la liga femenil de Colombia se jugará al menos hasta la mitad del 2019 esperando se solucionen todas y cada una de los temas en los que la pelota rebota sin encontrar destino de gol y las víctimas esperan resolución lo más pronto posible.


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