octubre 27, 2020

Factor Cu4tro

Somos la revolución deportiva

Hola, mi nombre es Iván Cárdenas y soy nacido en la ciudad de Monterrey, así es, regiomontano, pero con una particularidad, aficionado al deporte, al bello fútbol y no a alguno de los equipos de la ciudad, algo raro en Nuevo León, pues es de ley que te debas inclinar por uno.

Desde pequeño mis familiares han querido inculcarme los colores de Tigres o Rayados, recuerdo estar todos en casa de los abuelos escuchando por radio el partido mientras, sí, se hacía la “carnita asada”, o en casa de los vecinos, todos frente al televisor para ver al Guille Franco, Walter Gaitán, “Chupete”, Lobos, etcétera.

Conforme creces vas entendiendo más las cosas y vas analizando lo que sucede alrededor con un partido de este tipo, por eso creo que quién mejor que un imparcial pero al mismo tiempo amante de la redonda pueda hablar sobre el clásico regio.

Esto se resume en semana de clásico, no es sólo un día, desde el lunes y hasta el domingo se siente toda esa euforia. Desde el inicio de la semana se ven por las calles puestos con playeras y artículos alusivos a cada equipo, por donde pases te recordarán que dicho encuentro está por llegar y empiezas a sentir esa emoción por ver la acción.

Los medios locales hablan sobre eso constantemente y los jugadores con sus declaraciones calientan previamente el partido, quieras o no te terminas enfrascando en la pasión.

Nunca faltan las apuestas, aquella con tu amigo de la escuela, compañeros de trabajo o incluso con tu mejor amigo, familiar o pareja que es del equipo rival, común observar estas combinaciones de un Tigre con un Rayado.

El día previo, las escuelas permiten que se lleve la playera de el club de su preferencia, sí, el viernes se puede observar a miles de niños, jóvenes y adolescentes con su camiseta por las calles de la ciudad, todos ya calentando para el gran día.

Ese día llegó, y se siente diferente, porque ahora ves a todos con su jersey, con algo alusivo, carros con banderas, más puestos y vendimias, las carnicerías, supermercados y tiendas a reventar, todos preparándose para la hora. Las previas en televisión y ver cómo las hinchadas van llegando al estadio, los cánticos a todo volumen, la familia reunida, los amigos conviviendo, todos con un mismo objetivo, disfrutar de lo hermoso que es el fútbol y todo como buen pretexto para estar juntos, porque eso debe generar un evento de tal magnitud, unir, nunca separar ni generar actos de violencia, que mejor que estar con tus primos y tíos platicando sobre el juego, celebrando si ganó tu equipo, o si perdió, celebrar porque están reunidos, disfrutando de la compañía de unos con otros.

Claro, lamentablemente no siempre es así y se ha manchado el partido y a nuestro deporte, pero son más las personas que buscan y entienden lo que esto significa, eso sí, sin dejar de lado la pasión.

Y la verdad es que soy consciente de que cada torneo vivo un partido único en su especie, uno muy pasional, como se le ha denominado, y que me hace sentir con mucha frecuencia el por qué amo a la pelota y no la quiero dejar nunca.

Nuevo León se caracteriza por eso, por llevar muy dentro los colores, estar siempre, en las buenas y en las malas, no dejar de alentar, gritar, cantar, bailar y divertirse.

Recalco, no soy aficionado a ninguno, pero en ocasiones me pregunto, si yo no hubiera nacido en Monterrey ¿sería igual de apegado y apasionado al fútbol? Probablemente no, a esta tierra y su pasión le debo lo que soy, un loco enamorado del balón,con esto les defino lo que significa el “Clásico Regio” en mi ciudad.

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