octubre 24, 2020

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Oscar Pérez; el arquero infinito

Desde que tenías uso de razón pateas la pelota, cuando eras un niño de 7 años ya jugabas en la calle con los demás niños siendo siempre el portero del equipo sin saber que la vida y el destino te tenían preparado un futuro bajo los tres palos en la primera división del futbol mexicano y la codiciada portería de la Selección Mexicana.

Las fuerzas básicas del Atlante sería tu primera prueba importante de cara a tu carrera como profesional del balón. Defensa lateral fue tu primera posición aunque después el registro como guardavallas marcó una dura lucha por hacerte de un lugar en el primer equipo azulgrana. Con apenas 2 pesos buscabas algo para comer y beber luego del entrenamiento, lugar en donde junto a tus compañeros reunían lo necesario para hacerse del uniforme.

El sueño con el Atlante terminó luego de 4 años y era momento de caminar hacia un rumbo nuevo buscando siempre el sueño de debutar en primera división; pasando por Necaxa donde la oportunidad no llegó al igual que en Toluca para finalmente llegar a Cruz Azul, tu destino final.

Gracias a tus características físicas y tu potencia para saltar evitando que el balón besara las redes de tu marco tus compañeros decidieron apodarte “conejo”. Nombres como Ignacio Trelles y Norberto Scoponi ya vislumbraban condiciones distintas en ti; no eras el arquero convencional en cuanto a estatura, a pesar de tu 1.72mts volabas como nadie defendiendo el arco.

Finalmente el 21 de agosto de 1993 saltaste al campo para defender los colores celestes, supliendo a Robert Dante Siboldi fuiste el arquero de Cruz Azul durante siete encuentros. La siguiente temporada el arquero uruguayo salió de la institución para hacer de ti el número 1.

Sin embargo la cesión del entonces director técnico del club, Enrique Meza, te condenó a la banca durante los próximos tres años. El colgar los guantes y tirar tu sueño pasó por tu cabeza, sin embargo decidiste seguir adelante y las buenas noticias no tardaron en llegar.

En 1997 te hiciste de la titularidad llegando hasta el partido más importante: la final del Invierno 97 ante León, equipo al que tuviste oportunidad de emigrar pero por alguna razón no se concretó. Aquel niño que veía por televisión los clásicos y soñaba cada vez que se colocaba sus espinilleras y guantes hoy era campeón del futbol mexicano.

El siguiente paso fue Selección Mexicana y de la mano de Javier Aguirre en 2002 te convertiste en el portero titular del Tri rumbo a la Copa del Mundo Corea-Japón 2002. El sueño se convirtió en realidad y atajaste ante una de las potencias en aquel campeonato: Italia.

La fama se hizo presente en la vida profesional, aunque en la parte personal enfrentaste una dura prueba, uno de tus hermanos mayores sufrió un derrame cerebral y fuiste tú quien tomó la complicada decisión de no asistirlo con respiración artificial. Ante todas las adversidades, tu hermano sobrevivió.

Tras 15 años vistiendo la casaca azul y blanca dijiste adiós a Cruz Azul para continuar tu camino en el norte del país, Tigres de Monterrey sería tu siguiente prueba. Para el final de la temporada 2008 una lesión te alejó de las canchas y también de la institución felina. Jaguares de Chiapas, Necaxa y San Luis presumieron de tenerte en sus filas para luego encajar en Pachuca en donde juegas desde el 2013.

En Selección Mexicana defendiste arduamente el marco en 2 mundiales como titular y uno más siendo el tercer arquero. Tres campeonatos de Copa Oro y una Copa Confederaciones son tus logros más importantes con la playera tricolor.

Dueño de una potencia física sobresaliente, atajador implacable, serio y sobrio guardameta; hoy tras 25 años de carrera futbolística y con 46 años, tú Oscar Pérez Rojas “El Conejo” dices adiós a las canchas, al balón, la portería y los guantes dejando un legado inimaginable e inolvidable para todos y cada uno de los que tuvimos la oportunidad de verte y no queda más que decirte: ¡gracias por tanto Conejo!.

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