octubre 20, 2020

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VAR, un bien que hace daño

Durante varios años se comenzó a discutir el uso de la tecnología dentro del futbol alrededor del mundo. Tras diversas pruebas Giani Infantino, presidente de la FIFA, decidió que durante el Mundial Rusia 2018 se aplicaría el Video Assistant Referee (VAR).

Este apoyo tecnológico consiste en la revisión de ciertas jugadas por parte de un grupo de árbitros quienes se encuentran en las inmediaciones del estadio en donde se está disputando algún partido, frente a un grupo de monitores a través de los cuales inspeccionan las jugadas.

La aplicación de esta herramienta durante la justa mundialista fue impecable y a partir de ese momento diversas ligas alrededor decidieron aplicar el mismo sistema y con ello tratar de evitar injusticias dentro del terreno de juego.

Meses después, los resultados han dejado mucho a desear. Y no porque el sistema técnico y/o tecnológico sea deficiente, sino porque los recursos humanos no están lo suficientemente capacitados ni en la mejor disposición de ser apoyados por un mecanismo necesario.

En primera instancia están los árbitros centrales, personajes a quien se le otorga el control total y absoluto de todo lo que pase dentro del rectángulo verde y además fuera de él. Es el hombre en quien recaen las acciones del juego.

El filósofo alemán Max Weber expone al poder como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aún contra toda resistencia y cualquier sea el fundamento de esa probabilidad”.

El colegiado se convierte en uno de los actores principales de la obra y transforma la probabilidad de la cual nos habla Weber a un 100% imponiendo su total y absoluta voluntad gracias a aquel poder que se le ha otorgado per se.

De poco le sirve que otras 3 personas o más, si sumamos a los árbitros asistentes y al 4to árbitro, hayan observado de mejor manera el momento exacto en el que un jugador agrede al adversario, el defensa central juega el esférico con la mano, el centro delantero aprovecha su posición para anotar, etcétera.

Sumado a esto se encuentra la preparación y/o capacitación a la que se han sometido los jueces para poder aplicar de la mejor manera el uso del VAR. Resulta evidente la carente responsabilidad que han tenido tanto las diversas ligas como los “hombres de negro” para comprender y aplicar perfectamente esta nueva tecnología.

Diversos factores, tales como: la falta de motivación, la atención brindada ante el conocimiento, la relación entre el aprendiz y el maestro, etc. afectan en la búsqueda de un futbol convergente con la tecnología.

En última instancia, y no por ello de menor importancia, encontramos a las reglas que rigen al balompié a lo largo y ancho del orbe. Es imposible juzgar actos tan evidentes sobre los que no existen la diversificación de explicaciones con reglamentos basados entera y profundamente en la interpretación.

En tanto no existan personas dispuestas a aceptar el cambio y con ello la ayuda de la tecnología, la cual ha invadido a todos los deportes, y no se modifiquen estatutos creados hace varias décadas; entonces el VAR seguirá sumergido entre malas decisiones haciendo dudar, todavía más, de la transparencia del deporte más practicado y seguido en todo el mundo: el futbol.

 

 

 

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